Introducción a la Sexualidad Femenina

La sexualidad es una construcción social que involucra diversos aspectos del ser humano, de acuerdo a la última convención de la Organización Panamericana de Salud se obtuvo por consenso la definición de sexualidad, quedó así:

Sexualidad se refiere a una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano: Basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor, y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, culturales, socioeconómicos, éticos y religiosos o espirituales.

Al leer esta amplia definición nos percatamos de lo complejo que es el estudio de la sexualidad humana.

En el proceso de la identidad de género se encuentran involucrada la asignación de género que se da por la diferenciación genital al momento del nacimiento o antes, por imágenes del ultrasonido, ya sea que se vea pene o vulva, de inmediato esto conlleva a una serie de comportamientos en los padres y personas cercanas al bebé de acuerdo a las creencias, expectativas y hasta actitudes en la personita que acaba de nacer o bien, que aún no ha nacido.

Otro momento importante en la adquisición de la identidad de género se da alrededor de los 3 años, en donde el niño o niña han formado un concepto de sí mismos y saben si son niñas o niñas. Esto surge antes de la conciencia de las diferencias anatómicas entre los sexos.

La asignación de roles se aprenden desde temprana edad y es un proceso que se da a lo largo de la vida de acuerdo a la sociedad, cultura, nivel económico o contexto histórico. Se refuerzan a través de las instituciones socializadoras como son la escuela, los medios de comunicación, las leyes, la familia o la iglesia, entre las más importantes.

La identificación con el género se va dando paulatinamente en un proceso donde las niñas y los niños, al ir viendo y aprendiendo los roles, estereotipos y comportamientos, comienzan a repetir lo que la sociedad valora de cada uno de ellos y es así como incorporan los roles socialmente valorados de acuerdo a su género y rechazan los del género opuesto.

Estos  procesos, en su conjunto, forman e integran la identidad de género con sus diferencias para hombres y mujeres. Respecto a la sexualidad las mujeres y hombres tienen reglas, creencias, mitos, comportamientos, permisos, etc., diferentes en cada sociedad, momento histórico, cultura o nivel económico.

 La religión mediante sus principios y doctrinas ha sido una institución que controla la sexualidad a través del pecado y la culpa. Posteriormente, el control se compartió con la medicina, cambiando la noción de “pecado” por la de “salud” a finales del siglo xviii. Ya en el siglo xix se generó en la sociedad una súbita avalancha de fabricación de angustias (Confort 1987) en donde las prácticas sexuales generaban enfermedades, locuras, histerias, etc.

Dentro de la cultura y los aprendizajes sociales del comportamiento de hombres y mujeres queda como parte del inconsciente colectivo que la fortaleza, actividad, agresividad y  rapidez pertenece a los hombres en contraposición con la debilidad, pasividad, lentitud y ternura, entre otros calificativos más, a las mujeres. Trasladado esto a la sexualidad, se siguen repitiendo patrones dentro de la vida erótica y sexual en general, además de esperar estos comportamientos en ambos sexos para cumplir con las expectativas.

Entre estos mandatos sociales, religiosos y culturales, ¿dónde queda la real y verdadera sexualidad de las mujeres? ¿Dónde la fisiología o la necesidad biológica son tapadas por la necesidad de aceptación social? ¿Cómo las mujeres han aprendido estos dos roles o caretas? ¿Cómo los mandatos sociales repercuten en la respuesta sexual y se “naturaliza” el comportamiento sexual diferente para hombres y mujeres?

Las niñas van descubriendo su genitalidad de 3 formas:

  1. Espontánea
  2. A través de juegos
  3. Masturbación consciente

a) La forma espontánea es encontrar el placer genital al apretar los muslos, al sentarse en la orilla de una silla, en el juego de sube y baja entre otras, etc. La niña va descubriendo sensaciones agradables en su zona genital.

b) A través de los juegos más elaborados como son “mamá y papa”, el “doctor”, en donde se cumple con roles y da sentido a nuevos permisos y sensaciones.

c) La masturbación consciente que se da en el tocamiento de los genitales propositivamente con la intención de sentir placer.

Pasando por estas etapas, las mujeres van otorgando a sus genitales la erotización y la asimilación e integrando sensaciones placenteras en el área genital.

Tanto hombres como mujeres tenemos órganos de los sentidos que tienen el mismo desarrollo embrionario, las mismas terminaciones, fisiología en general, sin embargo, sexualmente hablando damos más importancia a un sentido que otro, dependiendo del sexo. Por ejemplo, el olfato está más desarrollado en las mujeres por la las labores que se le asignan como la necesidad de captar los olores del bebé cuando está sucio, los olores de la comida, detectar algo en mal estado para que no vaya a enfermar a la familia, asumiendo que ellas son las responsables de la alimentación. El tacto está más desarrollado por el tipo de labores que se le asignan, como es peinar, lavar niños, preparación de alimentos, hechura de ropa, etc. El oído también se va a agudizar más en las mujeres debido al cuidado del bebé, siendo capaz de captar cualquier ruido aun estando dormida. La vista también se agudiza con la finalidad de encontrar cualquier situación que pueda poner en peligro al hijo o a la familia y por último el gusto, que está muy relacionado con el olfato, se educa para la preparación de alimentos y detectar si algún alimento no se encuentra en buenas condiciones. Todos estos aprendizajes de agudización de los órganos de los sentidos por una parte, aunados además a los permisos sociales que se le dan a las mujeres de poder jugar desde temprana edad a través del contacto físico con las amigas (besos, caricias), lo que le permite también aprender a tener sensibilidad en todo el cuerpo, eróticamente hablando se va a reflejar en la totalidad de la que se hablará más adelante.

Socialmente el cuerpo femenino ha sido una construcción histórica que incluye una serie de creencias de inferioridad hacia la mujer. La sexualidad de las mujeres es vivida en forma diferente que la de los hombres, con esto no se quiere decir que se pueda sentir diferente respecto a sensaciones como la atracción, el deseo, la excitación o el orgasmo, sin embargo, los permisos sociales para vivir y disfrutar de las sensaciones y el placer no son los mismos, lo que hace la diferencia de cómo se vive y cómo se permite manifestarse.

Las mujeres aprenden a expresar con su cuerpo el deseo y la seducción, “el cuerpo de la mujer sirve para mostrar el deseo como una forma de atraer y ser reconocida”. ¿Cómo y dónde aprende esto? A partir de lo que la sociedad, la cultura, los medios de comunicación, etc., le dictan, es un proceso que se va dando desde muy temprana infancia al ser vestidas, peinadas, adornadas, etc., para buscar la aceptación social partiendo del físico, marcando reglas de comportamiento a través de prohibiciones y permisos. Otra forma es a través de los cuentos de “princesas” en donde ellas siempre son hermosas y esperan que llegué el hombre anhelado o “príncipe azul” que las rescatará y hará felices. La mujer aprende a seducir con todo el cuerpo, desde el cabello hasta los zapatos.

El erotismo femenino está puesto en la globalidad, a diferencia del varón que está puesto en la genitalidad, esto es un aprendizaje socio-cultural que lleva a percibir las sensaciones corporales de diferente manera.

 

Si la mujer no se siente deseada y amada, su esfuerzo renovado de seducción sufre de decepción y tiene entonces una sensación de vacío, de inutilidad, de desesperación. El erotismo femenino llaga a tal grado de globalidad que hasta “la preparación de la casa forma parte integrante del acto de atraer y seducir.

Para poder entender, vivir y gozar una sexualidad plena, es importante que las mujeres entiendan y asuman que el placer nadie lo otorga, el placer es personal y puede compartirse con quien ellas quieran. Para reconocer el placer requiere de un autoconocimiento, disponibilidad y autodeterminación.

El autoconocimiento para el placer radica en algo tan elemental como conocer el propio cuerpo incluyendo, obvio, los genitales. A pesar de no ser tan sencillo es factible con ayuda de un espejo. Conocer los diferentes colores, textura, olores, consistencia e incorporar las sensaciones que da cada uno de sus elementos en su percepción. Posteriormente aprender diversas formas de estimularlos, conocer el propio mapa erótico y no el que el varón decida o haya aprendido con otras mujeres o en la pornografía, sino el mapa erótico personal. “La mujer debe responsabilizarse de su propia sexualidad” .

Disponibilidad es poderse dar el tiempo para sí misma y no pensar y darles el tiempo a los demás en labores que no necesariamente le tienen que corresponder a ella por el hecho de ser mujer.

La autodeterminación se refiere a tener en cuenta las propias ganas y deseo sexual y no dejarse presionar o influenciar por el temor a perder o herir a la pareja o a no pertenecer a un grupo determinado. Saber decir “no” si no quiere y también aprender a decir “sí” y buscar encuentros sexuales con la pareja si así lo desea.

“Cuando la mujer asuma el placer erótico como propio, sepa cómo encontrarlo y buscarlo dentro de sí misma, no tendrá necesidad de fingir orgasmos e iniciará un nuevo modelo de Sexualidad Femenina desde la perspectiva femenina sin tener que repetir estereotipos y roles sexuales heredados de cientos de generaciones atrás.

Si las mujeres llevaran a cabo cambios en su sexualidad, ambas partes (la masculina y femenina) saldrían ganando, pues al hombre se le quitaría una gran responsabilidad de ser el “dador del placer” que es una carga muy fuerte pues siempre tiene que estar dispuesto y mostrar una erección lo suficientemente firme y además duradera. Situación que no siempre es fácil para ellos. De acuerdo a datos publicados en Estados Unidos, el 62.7% de los hombres habían tenido relaciones sexuales sin desearlo, al igual que el 43.6% de las mujeres. La cantidad de hombres que cada día consumen más inhibidores de la fosfodiesterasa 5 (viagra ®, cialis ® levitra ®) para poder lograr una erección potente y duradera va en aumento.

Durante siglos las mujeres en una sociedad falocéntrica y heteronormada han vivido un erotismo sexuado a expensas del orgasmo de los hombres, es decir, a expensas de la penetración. En investigaciones se señala “las parejas de mujeres tienen más orgasmos que las parejas heterosexuales y además la excitación dura mucho más”, lo anterior se debe a que las mujeres que conocen sus zonas erógenas pueden aplicar este conocimiento a sus parejas mujeres. En cambio los varones han sido educados para tener una relación sexual rápida y además genitalizada.

La tarea que queda a las mujeres es conocer su cuerpo para poder guiar a sus parejas, esto si es que quieren compartir eróticamente con otra persona, o bien, para darse placer ellas mismas.

 La liberación sexual ha revolucionado la libido femenina. Nos centramos en los avances, obstáculos y dictados que marcan el comportamiento sexual de las mujeres. 

Liberación sexual femenina

El deseo sexual femenino sigue siendo motivo de agitación social y la liberación sexual sigue siendo un tema candente. «La primera revolución sexual tuvo lugar en los años 70, hoy en día estamos en una fase de madurez en la que la sexualidad forma parte de un movimiento de emancipación más global».

La mujer liberada siente deseo y es independiente. Se están produciendo ciertos cambios en cuanto a la sexualidad femenina, especialmente en su situación respecto al deseo. «La mujer ha pasado de ser objeto de deseo a ser quien desea». Hasta hace poco, en el inconsciente colectivo, la mujer se erigía en objeto de deseo y de placer masculino, pasiva para satisfacer el deseo de los demás. Hoy, se convierte en protagonista de su propio deseo, responsable, gracias a sus propias elecciones. «Su nueva identidad sexual se está construyendo ahora mismo, con sus dudas y estancamientos».

En cuanto la evolución de este fenómeno, la progresión del autoerotismo supone el fin de un tabú. La libido femenina se explora en solitario. Así lo demuestra el auge de los juguetes sexuales y el más cuestionable de la reciente literaturaerótica (50 sombras de Grey y otras). Para alcanzar el placer, el autoerotismo se ha convertido en algo imprescindible.

Las mujeres lo han entendido perfectamente. Son muchas las que se confiesan en el diván de su psicólogo, y esta vez sin sentir vergüenza. Una liberación que se debe a varios motivos. Por una parte, su placer ya no depende solo del hombre, sino que se da recíprocamente, y a veces incluso con mejores resultados. Algunas reconocen incluso sentir más placer solas. Las mujeres han hecho suyas estas prácticas más allá de los límites establecidos por el sentimiento amoroso y sin necesidad de otra persona.

Liberación sexual: obstáculos aún desconocidos

En el registro de errores que acompañan este movimiento se encuentra el peligro de querer copiar los modelos masculinos. «Al “imitar” el modelo masculino, acaban cayendo en los mismos fallos, puesto que ponen al hombre en la situación de objeto». Actuando como perfectas predadoras, algunas mujeres solo buscan la sumisión del hombre para así poder satisfacer su deseo. ¿Una respuesta a siglos de opresión? Este es el veredicto de nuestra experta: «En cierto modo, este comportamiento puede ser comprensible, pero en ningún caso sirve para liberar a la mujer. Al contrario, la encierra en un modelo bien conocido del cual ella era la víctima».

Por otra parte, en el camino hacia la liberación sexual, aparecen sigilosamente nuevos obstáculos que afectan a la sexualidad femenina. Como por ejemplo, la obligación de darse al placer. Un dictado especialmente de moda hoy en día, y cuyos ingredientes son los siguientes: múltiples amantes, masturbación, secciones dedicadas al deseo con accesorios para todo tipo de fantasías, páginas de encuentros extraconyugales para mujeres, etc. En resumen, ahora las mujeres disponen ampliamente de todos los medios para acceder al placer, algo que había sido casi de exclusividad masculina.

Es innegable que la exposición en exceso a los medios de comunicación impone normas que en ningún caso se aplican a todo el mundo. «La liberación pasa por elecciones más íntimas».

El continente negro de la sexualidad femenina

La principal amenaza hoy en día, más allá de los dictados de la norma y demás usos mercantiles de la sexualidad femenina, es el movimiento retrógrado al cual asistimos, (violaciones, recrudecimiento de la violencia machista, integrismo religioso, retorno de la vieja moral, etc.) ¿Cómo explicar este fenómeno? «Se trataría de un gran temor a la sexualidad femenina». De ahí la voluntad de mantener el deseo de las mujeres bajo un muro de silencio, como si la liberación sexual pusiera en peligro la hegemonía masculina, y junto con ella un cierto orden sexual establecido.

Hablemos con claridad, las mujeres liberadas siguen siendo tildadas  (sí o sí) unas zorras. Una observación que no pasa por alto Audrey Dana, directora de Sous les jupes des filles (Bajo la falda de las chicas), película en la cual Julie Ferrier, desbordante de sexualidad, es tratada de zorra por su marido. Y de ahí a ser tratada de bruja, buscafortunas o cazamaridos solo hay un paso.

Por suerte se trata de estereotipos, incluso si se resisten a desaparecer.  «desde 2015 la liberación sexual va de la mano de una responsabilización de su propio deseo y placer, y de la búsqueda de una alianza con la pareja. El movimiento está en marcha. Los errores, la mercantilización y las decisiones equivocadas forman parte de la evolución».

 

 

 

 

 

 

Categorías: sexualidad

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